Sentimientos muy contrastantes afloran en la época de navidad. Será que tienes tantas memorias, tantos recuerdos malos y buenos, y el fin de año te hace reflexionar sobre todos ellos, y tanta carga emocional aglutinada en un mes es demasiado para la mente. O quizá que las lágrimas están más a flor de piel, y cualquier comentario, pero más insignificante que habría parecido a mediados de junio, en estas fechas te llega más fuerte.
A mi no me gusta la navidad. Es una época tensa. La gente no actúa normal. Viven todos constantemente preocupados por algo: que si el dinero, que si los regalos, que se acaba el gas, que qué frío esta haciendo…. Tanta banalidad incoherente, para que en enero todo vuelva a comenzar, a reestablecerse la normalidad. ¡Que necesidad, digo yo!
Navidad debería ser una época de paz. Un tiempo en el que uno se sienta a mirar atrás, de introspección. Pero en calma, sin necesidad de confrontaciones innecesarias, ni trivialidades materiales. Se supone que celebramos el nacimiento de un individuo que sigue influyendo al mundo después de milenios de haber caminado por la Tierra. Un libre-pensador y revolucionario, que vino a desmoronar los cánones de dogmas e imperios corrompidos.
Diciembre debería ser el mes para limpiar el alma, para desempolvar el corazón. Para pensar en quienes no están hoy con nosotros, y para reforzar los lazos con aquellos que sí. De mirar bien adentro de uno y desechar toda la negatividad acumulada. De observar la historia de la humanidad y reconocer sus fallas… de orar por un mundo mejor.
A mi no me gusta la navidad. Es una época tensa. La gente no actúa normal. Viven todos constantemente preocupados por algo: que si el dinero, que si los regalos, que se acaba el gas, que qué frío esta haciendo…. Tanta banalidad incoherente, para que en enero todo vuelva a comenzar, a reestablecerse la normalidad. ¡Que necesidad, digo yo!
Navidad debería ser una época de paz. Un tiempo en el que uno se sienta a mirar atrás, de introspección. Pero en calma, sin necesidad de confrontaciones innecesarias, ni trivialidades materiales. Se supone que celebramos el nacimiento de un individuo que sigue influyendo al mundo después de milenios de haber caminado por la Tierra. Un libre-pensador y revolucionario, que vino a desmoronar los cánones de dogmas e imperios corrompidos.
Diciembre debería ser el mes para limpiar el alma, para desempolvar el corazón. Para pensar en quienes no están hoy con nosotros, y para reforzar los lazos con aquellos que sí. De mirar bien adentro de uno y desechar toda la negatividad acumulada. De observar la historia de la humanidad y reconocer sus fallas… de orar por un mundo mejor.